domingo, 30 marzo, 2025
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Homenaje. Pablo Vasco: una vida dedicada al partido y la revolución

El domingo 26 de enero falleció nuestro compañero Pablo Vasco. Con 66 jóvenes años nos dejó casi sin aviso, generando una gran tristeza y un fuerte impacto no solo en el MST y la LIS, sino en una amplia franja del activismo de izquierda, social y de la cultura, donde Pablo cosechó un gran afecto y reconocimiento sembrados a lo largo de su extensa trayectoria. Pablo fue un incansable militante de izquierda y referente en la lucha por los derechos democráticos y de género.

Dirigente del MST en el FIT Unidad, del Centro de Abogados por los Derechos Humanos (CADHU), el Encuentro Memoria Verdad y Justicia (EMVJ), de Libre Diversidad y la Federación Argentina LGTB, dedicó casi 50 años a pelear por un país y un mundo sin opresión ni explotación, por la revolución y el socialismo. Así lo queremos recordar.

Su trayectoria, nuestra tradición

Para los militantes socialistas revolucionarios apropiarse de la trayectoria de los viejos compañeros no es solamente un ejercicio de memoria, un homenaje y un recordatorio para quien siempre estará presente, sino que es un valioso legado que enriquece la vida militante, suma energías y enhebra un hilo conductor para que las nuevas generaciones de luchadores por la revolución recojan esa posta de experiencias, aportes y vivencias.

Pablito, como lo llamábamos sus viejos camaradas, fue de esos compañeros imprescindibles que se bancaron y se mantuvieron en la lucha atravesando la dictadura, los cantos de sirena de la democracia capitalista y las fuertes disputas políticas e ideológicas ante las tendencias sectarias y oportunistas, y ante las posturas de moda que reniegan de la necesidad de construir el partido y la internacional. Pablo aportó creatividad y visión crítica, siempre al servicio de la estrategia leninista.

Pablo conoció al PST (Partido Socialista de los Trabajadores, antecesor del MST) como estudiante secundario en el Carlos Pellegrini y comenzó a militar en 1975. Durante la dictadura desarrolló actividad sindical y política en el Banco Interamericano Regional (BIR) y en la fábrica Volcán (metalúrgica – sindicato UOM). Llegó a ser delegado en ambos lugares. En el último período de la dictadura cursó y militó en la Facultad de Medicina de la UBA, donde impulsó una campaña antiimperialista durante la guerra de Malvinas.

Militó ininterrumpidamente en el PST, el viejo MAS y luego en el MST, como uno de los integrantes más destacados de nuestra Dirección Nacional. Integró la dirección de nuestro periódico, la comisión de propaganda y se destacó en tareas internacionales.

Pablo le dedicó un especial esfuerzo a la construcción de la Liga Internacional Socialista. Fue uno de los puntales en el desarrollo de nuestra corriente internacional desde diversos aspectos, militando en Francia y en las relaciones políticas con varias organizaciones. Pablo proyectó su entusiasmo y capacidades hacia dos ámbitos en los que deja una impronta indudable. La lucha por los derechos de género y
en particular por las disidencias, donde volcó elaboraciones que quedaron plasmadas en varias publicaciones, pero sobre todo su militancia desde los años 70 hasta la fundación de Libre Diversidad y como dirigente de la FALGTB.

También, desde el CADHU y el MST, abrazó con fuerza la causa de la lucha por los derechos humanos, contra la impunidad de ayer y de hoy, transformándose sin dudas en uno de los artífices del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, trabajando codo a codo con los referentes, y con todos los organismos, haciendo esfuerzos por la unidad en la diversidad para desarrollar la lucha, consciente de la necesidad de impulsar la movilización sobre todo en los tiempos que transitamos de represión y negacionismo.

Nada de lo humano le era ajeno. Pablo era humor, sensibilidad, camaradería, solidaridad. Junto con su sonrisa irónica, venía un comentario profundo, una opinión pensante. Por eso proyectó su energía militante y capacidad de trasmitir afecto y alegría, en todos los ámbitos donde desarrolló su actividad militante política y social.

El internacionalismo, una pasión

Pablo tuvo como una de sus preocupaciones centrales el internacionalismo. Era un apasionado por impulsarlo en el partido, por llevar adelante sus campañas en cada rincón del partido y sus ámbitos de militancia.

Y siempre dispuesto a tomar tareas internacionales. Por ello estuvo viviendo en Francia, militando por el reagrupamiento de los revolucionarios y se transformó en un puntal en la construcción de la Liga Internacional Socialista (LIS), colaborando en la redacción de la revista Revolución Permanente, con diversas tareas y tomando las relaciones políticas con varias organizaciones. Por eso su ausencia se ha sentido en el ámbito internacional y una gran cantidad de saludos y condolencias llegaron desde todos los continentes, de quienes compartieron la militancia en Europa, reivindicaron sus aportes y escritos o por el rol cumplido en el trabajo con la comisión de género.

Fue realmente emocionante que viejos camaradas y también nuevas camadas hayan expresado su pesar y lo hayan recordado en sus eventos. Tal era su pasión y compromiso, que estando internado en grave estado y mientras tuvo su celular a mano, siguió recolectando firmas por la absolución de Alejandro Bodart, judicializado por el sionismo por defender al pueblo palestino, una de las causas con las que Pablo más se identificó.

Homenajes y compromiso

Tanto el velatorio como su despedida en el cementerio de la Chacarita se transformaron en potentes y emotivas muestras de tristeza y a la vez de reconocimiento. Centenares de militantes y simpatizantes partidarios que concurrieron, se sumaron a un amplio y diverso arco de referentes de toda la izquierda, los organismos del EMVJ, de las organizaciones de género y disidencia, de personalidades de la cultura, que se agregaron a las múltiples adhesiones y comunicaciones de condolencias de un amplísimo arco de sectores.

No solo lo despedimos desde la Dirección del Partido y la coordinación de la LIS. Muchos de sus compañeras y compañeros de militancia, amigas y amigos, y camaradas de ruta, dieron testimonio no solo de su actividad militante, sino de los afectos y de esa capacidad para demostrar una empatía suficiente para desarrollar una crítica o algún debate profundo.

Al cumplirse casi un mes, realizamos un homenaje especial en nuestra sede central, colmada de militancia. Abrazamos nuevamente a Jorge su compañero de vida, a su hermano Gustavo, quien nos brindó unas emotivas palabras, y demás familiares y amigos. Nos emocionamos desde el recuerdo con un video que repasó su extensa trayectoria, pero también con alegría como hubiera deseado Pablo. Y lo hicimos desde el arte. Allí, La Ferni, una de sus amistades que no había podido despedirlo antes y que recientemente estuvo en el Festival de Cosquín, nos regaló en su memoria dos hermosas canciones. Nuevamente se cruzaron testimonios, reflexiones y, por qué no,
algunas lágrimas. El cierre del homenaje, antes de unir todas las voces en La Internacional, estuvo a cargo de Alejandro Bodart que destacó el vacío que deja Pablo y la necesidad y confianza en la generación de “nuevos Pablos” que dediquen su vida a la construcción del partido y la LIS.

De ninguna manera es un lugar común decir que lo vamos a extrañar, y mucho. Que vamos a transformar esta tristeza en mayor fuerza para recoger y mantener bien altas las banderas las que nos deja. Hasta siempre, hasta el socialismo, querido Pablo.


Fragmentos de algunas de sus publicaciones

A 45 años del golpe, seguimos luchando por Memoria, Verdad y Justicia

A la dictadura militar iniciada con el golpe del 24 de marzo de 1976, en casi todo el movimiento de derechos humanos la solemos llamar cívico-militar o cívico-eclesiástico-militar. Es que los partidos políticos tradicionales y la jerarquía católica fueron sus cómplices. Pero para ser fieles a la realidad quizás habría que llamarla cívico-eclesiástico-empresarial-mediático-imperialista-militar, dado el rol de esos y otros
sectores en la gestación, concreción y apoyo a la dictadura.

El terrorismo de Estado no se inició con el golpe. En 1974 empezó a actuar la Triple A, banda parapolicial de ultraderecha que montó el ministro de Bienestar Social, “el Brujo” José López Rega, mano derecha del general Perón y su esposa Isabel. La componían fachos de la derecha peronista, de la Policía Federal, de la burocracia sindical y algunos milicos. La Alianza Anticomunista Argentina (AAA) cometió atentados, secuestros y el asesinato de más de mil activistas populares, entre ellos los que sufrió nuestro partido.

A su vez, en 1975 comenzó el llamado Operativo Independencia. Con su Decreto 261, el gobierno de Isabel Perón ordenó “neutralizar y/o aniquilar” a un foco de guerrilla en Tucumán. Con la excusa de la “guerra antisubversiva” asesinaron a combatientes y activistas. La causa judicial registra casi 300 víctimas1, pero se estiman unas mil. Hubo tortura, desaparición forzada y centros clandestinos de detención. Así surgieron los métodos represivos que luego la dictadura utilizaría en el genocidio.

Un promotor y sostén basal de la dictadura fue el imperialismo de EE.UU., para apagar los vientos de cambio que recorrían el sur de América Latina. Así, el gobierno yanqui alentó los golpes y el llamado Plan Cóndor (coordinación represiva entre los gobiernos dictatoriales de Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia), les dio respaldo político, dictó sus planes económicos y el FMI los financió.

El PJ, como dijimos, desde el gobierno orquestó la Triple A y el Operativo Independencia. Desde la otra pata del bipartidismo, Balbín, el máximo líder de la UCR, acusaba al activismo obrero de guerrilla fabril y ante el golpe declaró: “No tengo soluciones”. Con la dictadura ya en el poder, el PJ y la UCR le aportaron cientos de intendentes, funcionarios y embajadores, igual que el viejo PS gorila. Y el PC, dados los
vínculos de Moscú por interés comercial, durante años se negó a condenar al gobierno militar2.

Salvo excepciones, la Curia apoyó a las sucesivas Juntas Militares. Obispos y curas mentían a las madres que, desesperadas, preguntaban por sus hijas e hijos desaparecidos. El embajador del Vaticano, Pío Laghi, jugaba al tenis con el genocida Massera. El actual Papa, Bergoglio, fue procesado por desproteger y entregar a dos curas.

Y el capellán policial Von Wernich está condenado por participar en homicidios y torturas. En cuanto a los grandes medios, sus editoriales eran funcionales cuando no elogiosos del orden represivo impuesto.

A su vez, el Poder Judicial se asimiló al poder dictatorial y rechazaba los hábeas corpus presentados en favor de las compañeras y compañeros detenidos-desaparecidos. Incluso hoy siguen en sus cargos algunos jueces federales puestos a dedo en aquellos años.

En cuanto a la burocracia sindical, el secretario general de la CGT, Casildo Herreras, huido en Uruguay confesó “me borré” tras haber abandonado a su suerte a la clase trabajadora. Mucho peor es el caso del burócrata Gerardo Martínez, de la Construcción: fue uno de los 4.000 agentes civiles del Batallón de Inteligencia 601 del Ejército, pieza clave de la represión: eterno capo de la UOCRA y la CGT, hoy además integra el flamante Consejo Económico Social que organizó el presidente Alberto Fernández…

El golpe del ’76 tuvo un claro carácter de clase. Su objetivo fue derrotar el ascenso obrero y popular que cruzaba el país, liquidar toda organización colectiva y así garantizar la explotación capitalista a sangre y fuego. Junto al respaldo de las cámaras patronales a los militares, grandes empresas como Ford, General Motors, Mercedes Benz y otras entregaban a los delegados combativos a la represión, delitos en buena medida aún impunes.

Por cierto, hay dirigentes peronistas, radicales, sindicales, curas, periodistas y hasta un par de empresarios entre las y los 30.000 detenidos-desaparecidos. Otros sufrieron persecución y cárcel. Pero nada de eso niega la responsabilidad y complicidad que el PJ, la UCR, la Iglesia, la justicia y la burocracia sindical como instituciones, y la burguesía como clase, tuvieron hacia la dictadura genocida.

Por los derechos humanos de ayer y de hoy

La pelea en defensa de los derechos humanos arrasados por la última dictadura, la más cruenta que padeció el país, arrancó casi desde que se inició ésta. Peregrinando ya desde antes por comisarías y oficinas de gobierno en busca de sus hijas e hijos, en abril de 1977 las Madres iniciaron sus rondas alrededor de la Pirámide, frente a la Casa Rosada: las queridas “locas de la Plaza de Mayo”. En octubre del mismo año se organizaron las Abuelas, en busca de sus nietas y nietos apropiados por los represores. Unos pocos abogados y abogadas, entre ellos los de nuestro PST, batallaban ante la justicia. Y a nivel político, solo desde la izquierda tomamos en nuestras manos las banderas de lucha por justicia y contra la impunidad.

Caída la dictadura tras la Guerra de Malvinas, el movimiento por los derechos humanos se potenció y la mayoría de la sociedad, al ir conociendo el horror, acompañó esa lucha. Por el contrario, la dictadura y los sucesivos gobiernos patronales intentaron poner barreras al juicio y castigo para preservar lo más posible las fuerzas armadas y policiales: autoamnistía militar, autojuzgamiento en tribunales militares, juzgar solo a los nueve miembros de las tres juntas militares, fin de los juicios a genocidas vía las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, indultos a genocidas, falsa derogación de las leyes de impunidad y “no oponibilidad”, solo aplicables a genocidios futuros.

Pero la lucha popular por justicia persistió y derribó cada uno de estos intentos. Con la nulidad de las leyes de impunidad se reabrieron los juicios a los genocidas. Hasta hoy se han dictado 250 sentencias, con 1.013 personas condenadas y 164 absueltas, y aún quedan 373 causas sin sentencia. Aun así, el 70% de los fallos son recurridos y se tarda un promedio de cinco años desde el juicio oral hasta la sentencia firme. Además, 692 represores murieron antes de tener sentencia3.

Para valorar los datos, comparar ayuda. Si se estima que en nuestro país llegaron a funcionar unos 600 centros clandestinos de detención, tortura y extermino, 1.013 condenados implican 1,7 por cada centro, lo cual es poco. Además, el 74% de los detenidos, o sea 638, en vez de estar en cárcel común gozan del beneficio de la prisión domiciliaria. Falta recuperar la identidad de 300 bebés robados por los genocidas. Y falta también lograr la apertura de todos los archivos de la dictadura.

Pero esto es una mirada parcial. A la vez, la Argentina es el único país cuyos tribunales condenaron un genocidio cometido por su propio Estado4. Esa victoria democrática, expresada en las condenas, así como la recuperación por las Abuelas de la identidad de 116 nietas y nietos apropiados por los represores, son mérito indiscutido del movimiento de derechos humanos, que es un ejemplo en el mundo.

Por el genocidio nazi, el peor cometido en la historia contemporánea, que asesinó a más de 10 millones de personas y llevó a la II Guerra Mundial, hubo apenas unos 150 genocidas condenados: 19 de ellos por el Tribunal Militar Internacional de Nüremberg y el resto por la justicia alemana durante 75 largos años. En nuestro caso, en cambio, fueron tribunales civiles, del mismo país y por un genocidio 300 veces menor al nazi condenaron a seis veces más represores. Esto también marca la magnitud de lo conquistado.

No obstante, el curso del movimiento de derechos humanos no fue ni es lineal. Desde la derecha, enfrentamos dos problemas: el negacionismo del genocidio -con Macri a la cabeza- y la pretensión de revalidar la teoría de los dos demonios, que errada e intencionalmente iguala el terrorismo de Estado a las acciones de la guerrilla. Pero desde los gobiernos peronistas, ayer los Kirchner y hoy los Fernández, también hay problemas: el intento de tergiversar la historia y apropiarse de la lucha por los derechos humanos, la cooptación que lograron de organismos reconocidos -como Madres, Abuelas e H.I.J.O.S.

Capital- y, aun sin nombrar los dos demonios, el intento de reconciliar al pueblo con las FF.AA., policiales y de seguridad. Así como el Papa siempre propone esa reconciliación, en febrero de 2020 Alberto Fernández llamó a “dar vuelta la página”. Es que toda la política patronal, pese a sus diferencias, busca recomponer el desprestigiado aparato represivo argentino porque sabe bien que ningún ajuste pasa sin represión.

A contramano de esas políticas, en 1996 nació el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia para coordinar la movilización del 20º aniversario del golpe. De ese espacio unitario se retiraron entre 2006 y 2007 el sector cooptado por el gobierno kirchnerista y en 2020 el PCR, en que el EMVJ mantuvo su carácter independiente del Estado y de todos los gobiernos de turno. Nuestra corriente política lo integra desde su inicio y a fines de 2007 constituimos también el CADHU: nuestro Centro de Abogades por los Derechos Humanos.

La política de reconciliación con los milicos y la desaparición forzada seguida de muerte de Facundo Castro y los casos de gatillo fácil, la represión a la toma de viviendas de Guernica y otras protestas sociales, el despliegue represivo con la excusa de la cuarentena y las concesiones presupuestarias a militares y salariales a policías por parte del gobierno del Frente de Todos, entre otros hechos, confirman la necesidad de proseguir la lucha consecuente en defensa de los derechos humanos de ayer y de hoy.

Pablo Vasco, CADHU-MST. Opinión publicada en la reedición de Rastros en el Silencio La Montaña, Ediciones Socialistas, 2021

Prólogo del libro 30.400

A nuestro modo de ver, existe un nexo socio-cultural, político e ideológico muy profundo entre la lucha por los derechos humanos y la lucha por los derechos del colectivo LGBTI+. En términos generales, si bien con desigualdades muy marcadas entre los distintos continentes y países, esto se expresa en todo el mundo.

No obstante, dicha relación se viene construyendo con una cualidad muy particular en nuestro país, la Argentina, en donde no casualmente ambos movimientos tienen gran tradición, protagonismo de lucha y así han logrado conquistas democráticas muy significativas, plasmadas en leyes y que trascienden fronteras.

Venimos militando desde hace varias décadas en esos dos ámbitos, poniendo el cuerpo y la convicción en forma cotidiana. En uno, desde el Centro de Abogades por los Derechos Humanos (CADHU) y el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia. Y en el otro, desde Libre Diversidad, la Federación Argentina LGBT y la Comisión Organizadora de la Marcha del Orgullo porteña, así como en Organizaciones Laicistas Argentinas (OLA). Esta trayectoria es, a su vez, consecuencia directa de nuestra militancia en el MST en el Frente de Izquierda Unidad.

En buena medida, entonces, esta experiencia directa nos habilita para bucear en torno a ese vínculo tan especial entre los derechos humanos y las disidencias sexogenéricas, y, a modo de homenaje a todas las víctimas de la última dictadura cívicomilitar-eclesiástica, también aportar desde una mirada de izquierda a la elaboración conceptual y a las batallas colectivas que seguimos dando.

La cifra que titula este libro surge de sumar las y los 30.000 compañeras y compañeros detenidos-desaparecidos durante el terrorismo de Estado que sufrió nuestro país y les 400 de entre sí de identidad LGBTI+ que la cúpula de la Iglesia Católica invisibilizó en el conocido informe Nunca Más sobre las desapariciones.

Esta cifra simbólica de 30.400, algo controvertida y a la vez más instalada entre el activismo de la diversidad que en el de los derechos humanos, de alguna manera sintetiza esa apasionante relación dialéctica de amor, lucha y compromiso entre ambos que abordamos en las páginas que siguen.

Pablo Vasco, 30.400: Derechos humanos y diversidad La Montaña – Ediciones Socialistas – 2022

  1. Según el informe del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, de las 296 víctimas judicializadas, el 50% eran trabajadores, empleados estatales y sus familiares, el 15% delegados y dirigentes
    sindicales, el 8% cuentapropistas y pequeños comerciantes, el 7% guerrilleros, el 5% profesionales, el 4%
    estudiantes universitarios y el 2% militantes de izquierda no guerrillera.
  2. Ya en agosto de 1977, el PC respaldó el rumbo elegido por Videla como ‘el camino adecuado para ganar la paz,
    aventar el peligro del pinochetismo y de las amenazas exteriores y encontrar soluciones económicas, políticas,
    sociales y culturales que el país necesita’. El comunicado, en una época en que a los partidos políticos les
    costaba llegar a los medios de comunicación, fue reproducido por el diario La Opinión, en manos de los militares
    desde el secuestro de su director, Jacobo Timerman, en marzo” (nota de Daniel Gutman en Infobae, 28/1/20).
  3. https://www.fiscales.gob.ar/lesa-humanidad/en-14-anos-de-juicios-se-dictaron-250-sentencias-con-1013-
    personas-condenadas-y-164-absueltas/
  4. Inclusive, el Ministerio Público Fiscal nacional tiene una Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad
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