jueves, 3 abril, 2025
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Tras el shock de Trump, Milei se posiciona en la «pole position» para pedir excepciones comerciales a EE.UU.

A primera vista, no puede imaginarse una escena más alejada de los principios libertarios: el «Día de la Liberación» en el que el presidente Donald Trump anunció una suba generalizada de aranceles para todos sus socios tuvo argumentos que se ubican en las antípodas de la escuela económica austríaca que admira Javier Milei.

Hasta podría decirse que el tono del discurso de Trump sonó conocido para el público latinoamericano y al argentino en particular: la equiparación del déficit comercial con un daño a la economía propia, la reivindicación del accionar estatal en el comercio exterior y la demonización de importaciones como destructoras de empleo local, todo conforma un discurso de proteccionismo populista con un aire extremadamente familiar por estas latitudes.

Para alarma de los liberales, Trump interpreta que tener saldos negativos en la balanza comercial con otros países significa subsidiar a las economías foráneas.

Y lo extraño no es solamente que en Estados Unidos se abrace ahora un «neo mercantilismo» sino que eso ocurra cuando en Argentina, históricamente proteccionista, el gobierno de Milei practica la política opuesta, con una apertura comercial por partida doble –abaratamiento de facto por el dólar barato y, además, bajas de aranceles para ayudar a contener los precios domésticos-.

La más reciente medida en ese sentido fue tomada hace dos semanas por el ministro de economía, Toto Caputo, quien anunció una serie de reducciones arancelarias para ropa y calzado -que pasaron del 35% al 20% de protección-, así como telas e hilados. «La Argentina sigue siendo el país con la indumentaria más cara en la región y en el mundo», justificó Caputo, en una afirmación que exacerbó el debate sobre el nivel de los impuestos internos.

En notorio contraste con esa medida, un mes atrás Argentina había estado en la lista de países «castigados» con subas de aranceles, más concretamente al acero y aluminio, dos de los principales rubros de exportación con destino Estados Unidos -aunque las cifras que vende Argentina representan un 4% de los que el país del norte les compra a socios mayores, como Canadá-.

Y, ahora, según el anuncio de Trump, pasará a la nómina de países que tendrán una carga de 10% en sus exportaciones al mercado estadounidense.

Milei y Trump: ¿comercio o estrategia geopolítica?

Es en esa situación que resurge la pregunta inevitable: ¿por qué Milei cree que el alineamiento automático con Estados Unidos será positivo para Argentina, que está dando señales de profundizar la receta aperturista?

Y la respuesta la insinuó el propio Milei, que cree que es un error evaluar a Trump desde la óptica comercial sino que se debe hacerlo desde una visión geopolítica. «Usted puede ser todo lo pro comercio que quiera, pero si del otro lado no le juegan con las reglas de libre comercio, entonces toma una respuesta. No se puede hacer una evaluación de la política en el vacío, porque eso es no entender la lógica de la política económica», había dicho Milei tras la elección de Trump.

Y, ya desde ese momento, planteó cuál sería su fórmula para no ser afectado por ese proteccionismo: la búsqueda de un acuerdo bilateral, basada en la afinidad política, en la que Argentina pudiera obtener concesiones.

En aquel momento todavía se creía que la guerra comercial se limitaría a China y otras potencias asiáticas que lideraban la exportación industrial. Sin embargo, la alarma se expandió a nivel global cuando Trump focalizó sus ataques sobre sus vecinos, Canadá y México, a quienes amenazó con gravar con 25% las compras de petróleo.

Los principales proveedores externos de petróleo para la economía estadounidense son Canadá, México y Venezuela, en ese orden. Parecía insólito que, al tiempo que se amenazaba a los dos primeros, se premiara al régimen de Nicolás Maduro con una renovación del permiso de explotación venezolana para Chevron.

Pero pronto quedó en evidencia la motivación política detrás de las amenazas comerciales: se suspendieron las sanciones sobre México y Canadá, a cambio de la promesa de mayores controles fronterizos. Mientras que Venezuela fue sancionada, pero no porque Maduro haya fraguado elecciones, sino por su demora en repatriar a los miembros de la organización delictiva «Tren de Aragua».

El mismo Trump dijo, en su discurso del «Día de la Liberación», que en los últimos días había recibido un sinfín de pedidos por parte de presidentes, primeros ministros y monarcas, para que sus respectivos países obtuvieran excepciones en las sanciones arancelarias. En definitiva, todo el mundo está interpretando que lo que hace Trump acaso no sea una política movida por convicción mercantilista sino una estrategia para obtener beneficios en otras áreas de interés geopolítico.

Milei se muestra como «aliado natural»

El gobierno argentino está aferrado a esa creencia, y por eso no deja de hacer guiños políticos, y de mostrarse como «aliado natural» de la administración Trump en una región donde el resto de los grandes países tienen una orientación de centro izquierda.

Brasil y México no solamente aparecen entre los más alejados desde el punto de vista ideológico, sino que además figuran en el tope en la lista de los países con mayor disparidad en el trato arancelario.

Argentina, en cambio, no figuró en la lista que mostró el presidente estadounidense. Según la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina, el arancel promedio que se aplica a los productos provenientes de EE.UU. es de 6,4%. Que si bien quintuplica el arancel a las exportaciones argentinos, no deja de ser un nivel bajo en comparación con otros ejemplos mostrados por Trump.

De hecho, en esa nómina aparecen países asiáticos con cifras cercanas al 100%. China, la principal preocupación de Trump, carga aranceles por 67%.

Argentina, en comparación, aparece como un país no problemático. Su carga arancelaria es inferior al 10% que cobra Brasil.

¿El retraso cambiario juega a favor?

Y, además, hay otro detalle importante que en este momento puede jugar a favor de Milei: Trump no solamente se quejó de los aranceles aduaneros sino también de la manipulación cambiaria que hacen los países para abaratar sus exportaciones.

Es decir, Estados Unidos considerará como una conducta desleal a las devaluaciones que se realicen como forma de recuperar competitividad y así compensar el mayor costo arancelario. Eso es lo que durante el año pasado hicieron todos los países de la región, con Brasil y México a la cabeza.

Y, en ese punto, Argentina ha sido la excepción, por su fuerte revaluación del peso. Desde ese punto de vista, el «timing» es perfecto para Milei, porque el discurso de Trump le sirve como argumento en su discusión con el Fondo Monetario Internacional.

De hecho, el gobierno no sólo no quiere alterar su esquema cambiario, sino que ha dicho que no cree que las devaluaciones sean el remedio a la volatilidad internacional. Lo dijo explícitamente Toto Caputo en febrero pasado, cuando trató de llevar calma al mercado con este mensaje en las redes sociales: «Siempre contemplamos la posibilidad de que haya shocks externos, como el que estamos viendo en este momento. El mejor antídoto contra esto es garantizarles a los argentinos que este gobierno nunca se va a mover un centímetro del orden fiscal y monetario que llevamos adelante desde el día 1».

En las entrelíneas de Caputo se deja traslucir el mensaje de que, por más que haya turbulencias a nivel internacional, no se prevé alterar la política económica basada en «las tres anclas». Se trata del superávit fiscal, el congelamiento monetario y la ralentización del dólar, como forma de llevar la inflación mensual debajo del 2%.

Para Milei, el gesto de haber sido invitado a la celebración de Mar a Lago para recibir la condecoración «Make America Great Again» implica varias satisfacciones. Además de la confirmación de que el escándalo Libra no afectó la visión que hay sobre su persona en el gobierno Trump, le permite transmitir al mundo la interpretación de que Argentina está en el listado de los países amigos.

Traducido al terreno comercial, que en la carrera por obtener excepciones a las subas arancelarias, se encuentra en «pole position». La concreción, en el corto plazo, de una entrevista bilateral formal en la Casa Blanca es una posibilidad cierta.

Mientras tanto, se intensifica el lobby interno en Estados Unidos por una asistencia financiera de u$s15.000 millones -es decir, un inédito 75% del total comprometido por el FMI- para reforzar a Milei.

La carta de la diputada María Salazar al secretario de Finanzas, Scott Bessent, es la demostración cabal de que lo que está en juego excede ampliamente la discusión financiera y entra en el terreno de la geopolítica: la representante de origen cubano no fundamentó su pedido en indicadores de inflación, sino que dijo que «América latina necesita desesperadamente un ejemplo que seguir, y Argentina es la referencia moral y política que puede mostrarles el camino a sus vecinos».

Soja y petróleo: ¿suben o bajan?

¿Qué puede ocurrir a partir de ahora? Las miradas de los analistas están puestas sobre los riesgos de desvíos de flujos comerciales. La primera sospecha era la de una caída generalizada de precios agrícolas, dado que la producción está excediendo la demanda y que, se podría producir un fortalecimiento del dólar. Sin embargo, esa visión se relativizó en las últimas semanas. Como siempre, la reacción de China será la clave: si ocurriera un desvío de compras hacia otros proveedores fuera de Estados Unidos, el impacto sobre precios podría ser menor que el temido inicialmente.

Luego está el capítulo del petróleo. Durante la campaña electoral, uno de los «caballitos de batalla» de Trump fue la promesa de una baja en el precio de los combustibles para el mercado interno. Es lo que explica su ya célebre frase «drill, baby, drill» en su discurso inaugural.

Lo cierto es que, por más que sus promesas se cumplan, a Estados Unidos le falta mucho para cortar su dependencia del petróleo importado: sigue comprando una media de 2.400 millones de barriles diarios.

En definitiva, lo que están previendo los analistas es que Trump, ante la posibilidad de que las subas arancelarias pueda incrementar los precios de productos de consumo y agravar la inflación, tratará de que el gran factor de compensación sea una disminución brusca del precio del petróleo. De esa manera, la inflación se vería atenuada.

Desde el punto de vista de Argentina, esta situación implica una situación ambigua. Por un lado, hay una voluntad de hacer caer el precio del petróleo, justo cuando Caputo apuesta a que las ventas de Vaca Muerta lo ayuden a atenuar el déficit de la balanza de pagos.

Pero, por otra parte, Argentina se está mostrando como socio confiable y eventual proveedor petrolero. Su volumen de producción está todavía lejos del de los grandes exportadores, pero crece aceleradamente y ya pasó a Colombia como tercer productor de la región.

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